Poemas del día de la madre de autores latinoamericanos

Ella

 

Tu voz es mi muralla

mi sueño escrito y sellado

por el sigilo de otras jóvenes parcas

 

Mi alegría de oírte reír sobre el final de la siesta

pidiéndole al lechero dos panes más

de manteca fría.

 

Más por memoria de estar sobre tu falda

equilibrando una curiosidad que ahora purifica

todo:

 

la luz en las paredes rojas

el olor del limonero.

 

la póstuma aspereza del grillo

que propaga la monotonía en su lugar

 

y los besos ¿puedo decir que no me olvidé?

Fue difícil conciliar el recuerdo de los besos

con las palabras que esos besos sellaron.

 

Fragmentos de Arturo Carrera

Argentina, 1948

 

 

 

Pasado en claro

 

En mi casa los muertos eran más que los vivos.
Mi madre, niña de mil años,
madre del mundo, huérfana de mí,
abnegada, feroz, obtusa, providente,
jilguera, perra, hormiga, jabalina,
carta de amor con faltas de lenguaje,
mi madre: pan que yo cortaba
con su propio cuchillo cada día.
Los fresnos me enseñaron,
bajo la lluvia, la paciencia,
a cantar cara al viento vehemente.
Virgen somnílocua, una tía
me enseñó a ver con los ojos cerrados,
ver hacia dentro y a través del muro.
Mi abuelo a sonreír en la caída
y a repetir en los desastres: al hecho, pecho.

 

Octavio Paz

Mexico 1914-1998

 

 

Yugo y estrella

 

Cuando nací, sin sol, mi madre dijo:
Flor de mi seno, Homagno generoso
De mí y del mundo copia suma,
Pez que en ave y corcel y hombre se torna,
Mira estas dos, que con dolor te brindo,
Insignias de la vida: ve y escoge.
Éste, es un yugo: quien lo acepta, goza:
Hace de manso buey, y como presta
Servicio a los señores, duerme en paja
Caliente, y tiene rica y ancha avena.
Ésta, oh misterio que de mí naciste
Cual la cumbre nació de la montaña
Ésta, que alumbra y mata, es una estrella:
Como que riega luz, los pecadores
Huyen de quien la lleva, y en la vida,
Cual un monstruo de crímenes cargado,
Todo el que lleva luz se queda solo.
Pero el hombre que al buey sin pena imita,
Buey vuelve a ser, y en apagado bruto
La escala universal de nuevo empieza.
El que la estrella sin temor se ciñe,
¡Como que crea, crece!
Cuando al mundo
De su copa el licor vació ya el vivo:
Cuando, para manjar de la sangrienta
Fiesta humana, sacó contento y grave
Su propio corazón: cuando a los vientos
De Norte y Sur virtió su voz sagrada,?
La estrella como un manto, en luz lo envuelve,
Se enciende, como a fiesta, el aire claro,
Y el vivo que a vivir no tuvo miedo,
¡Se oye que un paso más sube en la sombra!
?Dame el yugo, oh mi madre, de manera
Que puesto en él de pie, luzca en mi frente
Mejor la estrella que ilumina y mata.

 

 

José Martí

Cuba, 1853-1895

 

 

Carta a mi madre

 

¿así viaja el amor de ser a antes de ser? / ¿de ser
a sido en tu belleza? / ¿viajó de vos a mí? / ¿viaja
ahora / morida? / nada podemos preguntar sino
este amor que todo el tiempo nos golpeó / con su
unidad irrepetible / ¿para que no olvidemos el
dolor? / ¿los dos niñitos del mercado de Ravelo
con una gallinita en los brazos, ofreciendo barato
y con gestos de madre, casi recién salidos de sus
madres? / ¿por qué te apareciste en el mercado
boliviano? / ¿en cada pena estás? / apagabas el sol
para dormirme /

¿podés quitarme vida?/¿ni quitártela yo?/
¿castigabas por eso?/desciendo de tus pechos/tu
implacable exigencia del viejo amor que nos
tuvimos en las navegaciones de tu vientre/
siempre conmigo fuiste doble/te hacía falta y me
echaste de vos/¿para aprender a sernos otros?/
cada mucho nos dabas un momento de paz:
entonces me dejabas peinarte lentamente y te ibas
en mi y yo era tu amante y más/¿tu padre?/¿ese
rabino o santo?/¿que amabas?/¿más que a mi?/
¿me perseguías porque no supe parecerme a él?/
¿y cómo iba a parecerme?/¿no me querías otro?/
¿lejos de ese dolor?/¿por qué tan vivo está lo
que no fue?/¿nunca junté pedazos tuyos?/¿cada
recuerdo se consume en su llama?/¿eso es la
memoria?/¿suma y no síntesis?/¿ramas y nunca
árbol?/¿pie sin ojo, mano sin hora?/¿nunca?/
¿saliva que no moja?/¿así atan los cordones del
alma?/¿vos sos dolor, miedo al dolor?/

 

Juan Gelman

Argentina, 1930

 

Poema cuarto

La luna que tan dulcemente se dora en el campo
es mi madre cuando tocaba el violín
entre las lagunas y el pasto dormido,
en un campo tan dilatado,
rodeada de montes de naranjos
y el terco, invencible olor de los azahares.
Levantaba la lámpara en la noche
cuando llegaban los ladrones, y el diablo
que afilaba sus pezuñas en el techo
ya no podía pasar por las rendijas de las oraciones,
entre los hierros del rosario.
La veía de pie, con un vestido
blanco como el desierto, playa tierna del alma,
envuelta en una música del origen del mundo,
con venados rojos, duendes, tesoros,
viajes inmensos para los niños del asombro.
Y la ondulante melodía
se grababa con grandes corazones
en la corteza de los eucaliptus.
Tocaba el violín, daba órdenes
al loro, a las ánimas, a las lagunas,
a las oscuras criollas de cocina
de espesas trenzas donde dormía el relámpago.

 

Enrique Molina

Argentina 1910-1996

 

 

Celestes ojos italianos

 

Margarita, ¡qué lejanos están el celeste,

el colorado, el verde, el amarillo!

Y tú, mi madre, en una tumba sin colores,

en medio de una provincia joyante,

vecina en el cementerio del viento que se

pudre en el corazón seco y negro de

ciertas familias.

¿Estarás cantando la canción que cantaban

tus celestes ojos italianos?

¿O estarás escuchando cómo canta mi corazón,

que fue la única maravilla en tu terror a

los viejos gauchos bandoleros y en tu

fracaso?

2
Llueve para tus ojos el color de unas

invisibles esmeraldas,

y estoy, por primera vez, cantando para

ti,

junto a un mar salvaje y aldeano.

3
El resplandor de dos países natales encendió

el color

-a veces verde-

de mis ojos,

y deambulé,

condenando a los impostores de la poesía,

con los sueños y poderes de las aguas,

brillando, desesperado, en mi amistad con los

gauchos más arcaicos,

y con pequeñas mujeres verdes de ojos

dorados,

que me cantaban canciones en guaraní,

y me transferían la sangre del cantar.

 

 

Francisco Madariaga

1927-2000

 

 

Maternidad

 

Mujer: en un silencio que me sabrá a ternura,
durante nueve lunas crecerá tu cintura;
y en el mes de la siega tendrás color de espiga,
vestirás simplemente y andarás con fatiga.

-El hueco de tu almohada tendrá un olor a nido,
y a vino derramado nuestro mantel tendido-,
Si mi mano te toca,
tu voz, con vergüenza, se romperá en tu boca
lo mismo que una copa.
El cielo de tus ojos será un cielo nublado.
Tu cuerpo todo entero, como un vaso rajado
que pierde un agua limpia. Tu mirada un rocío.
Tu sonrisa la sombra de un pájaro en el río…

Y un día, un dulce día, quizá un día de fiesta
para el hombre de pala y la mujer de cesta;
el día que las madres y la recién casadas
vienen por los caminos a las mismas cantadas;
el día que la moza luce su cara fresca,
y el cargador no carga, y el pescador no pesca…
-tal vez el sol deslumbre; quizá la luna grata
tenga catorce noches y espolvoree plata
sobre la paz del monte; tal vez el villaje
llueva calladamente; quizá yo esté de viaje…-
Un día un dulce día con manso sufrimiento,
te romperás cargada como una rama al viento,
y será el regocijo
de besarte las manos, y de hallar en el hijo
tu misma frente simple, tu boca, tu mirada,
y un poco de mis ojos, un poco, casi nada…

 

José Pedroni

Argentina 1899-1968

 

Duerme

La madre ha logrado
dormir a su hijito.

Una obra maestra
de pequeños suspiros
de menudas palabras,
de amenazas,de mimos,
de dulces cancioncillas,
de voluntad, de instinto.

No respiremos casi.
El niño,se ha dormido.

 Baldomero Fernandez Moreno

Argentina

 

Amor filial

 

 Yo adoro a mi madre querida,
yo adoro a mi padre también;
ninguno me quiere en la vida
como ellos me saben querer.

Si duermo, ellos velan mi sueño;
si lloro, estan tristes los dos;
si rio, su rostro es risueño:
mi risa es para ellos el sol.

Me enseñan los dos con inmensa
ternura a ser bueno y feliz.
Mi padre por mi lucha y piensa;
mi madre ora siempre por mi.

Yo adoro a mi madre querida,
yo adoro a mi padre también;
ninguno me quiere en la vida
como ellos me saben querer.

Amado Nervo

Mexico